Por Espíritu Crisol entendemos todas las ideas y conceptos que nos han llevado a organizar un encuentro de estas características y la pasión por la música es el motivo principal.

Quien no esté familiarizado con el término fiddle debe saber que no se trata de un instrumento diferente al violín (en lo que a forma se refiere) pero sí en cuanto a lenguaje musical. Es una manera de comprender las posibilidades de expresión de nuestro instrumento diferente a la clásica y se puede extrapolar a cualquier instrumento. No es simplemente tocar el violín folk, es hablar con el alma a través de él, independientemente del estilo musical.

Nuestro objetivo es realizar un curso en el que todo el mundo pueda aprender a amar la música por encima de todo. Lo hacemos rechazando la competitividad que muchas veces lleva implícito el aprendizaje y dominio de un instrumento.

En el curso habrá niveles de aprendizaje distintos, pero todo el mundo podrá interactuar entre si, sea principiante o profesional. Las diferencias de nivel técnico o de conocimientos nunca supondrán una barrera entre las personas porque la música es mucho más que eso: es compartir, crecer y enriquecerse juntos. Nuestra propuesta se basa en la apertura e inclusividad.

El Alma Mater del curso es Alasdair Fraser, uno de los mejores violinistas folk del mundo, un didacta dedicado y motivador nato, que lleva más de treinta años dirigiendo proyectos similares en Escocia (Sabhal Mòr Ostaig), California (Valley of the Moon Fiddle Camp y Sierra Fiddle Camp) y Australia (Stringmania!)

Contamos también con Natalie Haas, una violonchelista que sorprende por su frescura, creatividad y gusto. Desde el 2004, Natalie acompaña en gira a Alasdair y enseña en los cursos mencionados. Juntos han publicado ya 6 trabajos discográficos. Sus clases tienen cada vez más adeptos y se puede decir que es la impulsora de un movimiento que saca al violonchelo del encorsetamiento orquestal, llevándolo a un terreno en que el acompañamiento rítmico y armónico son protagonistas.

Ya que la música no tiene fronteras, cada año invitamos a músicos de otras latitudes para que nos acerquen sus tradiciones, nos permitan aprender de sus habilidades y enriquecernos como músicos y personas. También hemos incorporado, cada vez con más solidez, el baile y la voz, elementos comunes y esenciales en cualquier tradición.