Por Espíritu Crisol entendemos todas las ideas y conceptos base que nos han llevado a organizar un encuentro o curso de estas características y la pasión por la música es el principal.

Quien no esté familiarizado con el término fiddle debe saber que no se trata de un instrumento diferente al violín en cuanto a forma se refiere pero sí en cuanto a lenguaje musical. Es una manera de comprender las posibilidades de expresión de nuestro instrumento diferente a la típica y se puede extrapolar a cualquier instrumento. No es simplemente tocar el violín folk, es hablar con el alma a través de él, independientemente del estilo musical.

Nuestro objetivo es realizar un curso en el que todo el mundo pueda aprender a amar la música por encima de todo y rechace la competitividad implícita que muchas veces conlleva el aprendizaje y dominio de un instrumento.

En el curso habrá niveles de aprendizaje, pero todo el mundo podrá interactuar entre si, sea principiante o profesional y nunca supondrán una barrera entre las personas porque la música es mucho más que eso; nuestra propuesta se basa en la apertura e inclusividad.

El alma máter de este curso es Alasdair Fraser, uno de los mejores violinistas del mundo folk de hoy en día y un didacta dedicado y motivador, que lleva más de veinte años dirigiendo proyectos similares en su Escocia natal (Sabhal Mòr Ostaig) y California (Valley of the Moon Fiddle Camp y Sierra Fiddle Camp).

Contamos también con Natalie Haas, una joven violonchelista que sorprende por su frescura, creatividad y gusto. Natalie lleva más de cinco años acompañando en gira a Alasdair y enseñando en los cursos mencionados. Sus clases tienen cada vez más adeptos y se puede decir que es la “cabecilla” de un movimiento que está sacando al violonchelo del encorsetamiento orquestal y llevándolo a un terreno en que el acompañamiento rítmico y armónico son protagonistas.

Ya que la música no tiene fronteras, cada año invitamos a músicos de otras latitudes para que nos acerque sus tradiciones, nos permitan aprender de sus habilidades y enriquecernos como músicos y, esperamos, como personas. También hemos incorporado, cada vez con más solidez, el baile y la voz, elementos comunes y esenciales en cualquier tradición.